imagen_VicenteLos que se matricularon en 2003 en arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid se las prometían muy felices. Era la “carrera estrella”, recuerda Beatriz Asensio, arquitecta leonesa de 27 años que llegó entonces a la Facultad. Los estudios profesionales reclutaban mano de obra entre los alumnos de primer curso, las obras públicas se multiplicaban, el boom inmobiliario garantizaba trabajo estable… Por aquellos años Asensio encontraba ofertas de trabajo hasta por las paredes de los baños. Ahora rememora aquellos dulces tiempos desde su piso en Luxemburgo, el país al que ha tenido que emigrar forzosamente ante el panorama que se encontró cuando salió de la burbuja de la universidad, hace un año.

La diáspora en la profesión es la responsable de que tenga amigos en todo el globo; desde Suiza hasta China, pasando por Alemania y Noruega. “¿Quién me lo iba a decir a mí?”, comenta con resignación a través de una conferencia internacional en el ordenador. “Si tuviera que empezar ahora una carrera, me lo pensaría un poco más”, reconoce.

De la Politécnica salió igualmente Fernando Frías rumbo a Alemania, ante la perspectiva de una economía en la que los jóvenes con estudios pueden explotar sus habilidades. En septiembre del año pasado hizo las maletas y se compró un billete para Fráncfort.

Mario Fernández, de 30 años, se marchó más lejos. Se desvió varios miles de kilómetros de su plan inicial, que era instalarse en algún país del norte de Europa, y acabó en Shanghái.

Algunos capítulos de este relato de exilio no acabaron tan bien. Aitor Pérez, de 29 años, también licenciado en 2012, probó suerte en Brasil, pero, acabado su visado de turista, tuvo que volver a casa de sus padres, a Canarias, porque no encontró un hueco en ningún estudio.

La salida al mundo laboral no fue como esperaban. Todos soñaban con montar su propio estudio, y muy pocos se creyeron aquello que les dijo una profesora el primer día de clase del curso de 2003: “Solo uno o dos de vosotros en toda esta clase tendrá la oportunidad de hacer una gran obra”. Los jóvenes arquitectos se han topado con la realidad y han decidido buscar otra donde quieran sus proyectos.

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Patricia Peiró

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